Yo sólo quería robar

Así comenzó, le cuento, que ella estaba tirada en el piso de la casa; desnuda, desangrada con cara de tristeza e inerte, yo estaba en una especie de cuarto, de donde se podía ver todo. La ingenua mujer, llego a la hora acostumbrada, el anciano la esperaba como siempre en la habitación con una nueva técnica para cogérsela, la falsa filosofía cristiana de meter al diablo en el infierno y la de hacerse pasar por un miserable vagabundo no le había funcionado.

Ella sabia de las intenciones del anciano, y esa noche llego con su habitual material de trabajo, tomo su maletín, saco las primeras píldoras, y de una manera consiente, contoneo sus exquisitas nalgas, hasta llegar, al entonces, ya excitado y pervertido anciano. Estaba todo planeado, un repentino ataque y la ausencia de personal, seria lo adecuado. El viejo veía como ella se le acercaba, mientras en su mente la poseía, en sus ojos la lujuria y la perversión sobresalían, sí Sr., yo creo que si, estaba planeado no había vuelta atrás, era ese día o no seria nunca.

Si ella se hubiera fijado que el anciano tenia la navaja bajo el sarape y que el ataque al corazón era fingido, nada habría pasado, ella tomó el vaso con agua, dejando al descubierto una parte de su pecho izquierdo, y le dio el vaso al viejo y como por inercia, él atravesaba su pecho descubierto con su navaja, esta atontada cayó al piso, el uniforme blanco iniciaba la metamorfosis, la sangre le corría por el pecho, el anciano se levanto, la tomó de la mano y aunque ella pataleaba, gritaba y tiraba manotazos no logro soltarse, el viejo le puso unas esposas, la desnudó, la sangre corría por su cuerpo.

El miembro estéril del anciano no cumplía su función, pero esa era una oportunidad única, tantas rechazos no terminarían ahí, así que mire como tomo el plumero y poco a poco le metió la base hasta dejar solo las plumas a la vista, los gritos de dolor se podían escuchar a lo largo del cuarto, la beso, ella se resistió, los minutos avanzaban y la piel de la mujer ya era entre morada y roja, las lagrimas escurrían por su rostro y las suplicas no se detenían. Los gritos lograron que se le parara al viejo que repentinamente se masturbo mordiendo el frío pezón del ya reciente cadáver, le quito las esposas y como un simple costal de papas cayó el cuerpo sin vida, éste opto por violar el cadáver. Las horas pasaron y entre mas intentaba mantener lo erección menos lo conseguía, tomo lo que quedaba del cuerpo de ella la jalo hasta la puerta y llamo a su sirviente, el anciano sin expresión en el rostro le dijo – llévatela- y salio de la habitación, el lacayo tomo el cuerpo entre los brazos y la llevo a la cama, prendió el fuego de la chimenea, dudo unos minutos en tirar el cuerpo, la volteo, saco su miembro abrió las nalgas de la muerta y metió todo el tronco hasta más no poder, los gritos excitaban al creado, pero esta vez no los hubo, la sensación no era la misma sin esas raras pero fuertes expresiones de dolor que tanto lo hacían gozar, le dio nalgadas, puñetazos pero los esfuerzos eran inútiles, saco su órgano lleno de sangre, le abrió la boca, se colocó en posición de 69 y le dio inicio al ritual.

Yo seguía escondido en ese lugar sin hacer ningún ruido por temor hacer descubierto, la acción del sirviente y el anciano me habían dejado con pene bien erecto al punto de casi romper el pantalón, con dolor en el glande y las venas casi a reventar. La imagen de la muerta siendo violada por estos hombres, producía en mi una sensación animal por intentar participar.

Los aullidos de placer del mayordomo se escuchaban por el cuarto, se levanto y después de rociar la cara del cadáver con semen se fue dejando el cuerpo tirado, bañado en sangre y de más. Mi oportunidad era esa, salir o no salir a terminar con una triple violación a un objeto ya sin vida y repugnante, tenia la cara deforme de tanto golpe, las nalgas moradas y la espalda casi desecha todo eso me excitaba a un más, así que opte por salir, me quite lo que lleva puesto, me fui acercando y poco a poco acaricié el cuerpo inerte de la mujer como si aun sintiera mis caricias, la vagina estaba hinchada por los acontecimientos pasados, aun había plumas y en mi mente no había otro pensamiento que no fuera el de cogerla, le daba pequeños golpes con mi pene en su cara deforme hasta llegar a sus seno, la masturbaba hundiendo casi toda mi mano en su grotesco orificio, estaba apunto de penetrarla cuando sentí un golpe en la cabeza.

De ahí ya no recuerdo nada, desperté aquí condenado a muerte por homicidio, violación e invasión de propiedad ajena, por lo cuál le pido padre, como mi última voluntad y como cordero de Dios, que la exhumen y me dejen terminar con mi agonía.

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