Crónica de la noche

1. Luna: El Sancho de todo Quijote
Los colores muertos de la naturaleza invaden las calles, las hojas de los árboles crujen al caer al piso como dando un ultimo suspiro de vida decorando con un toque fúnebre, el viento sopla más fuerte que otros años y la noche es más oscura, más silenciosa, los niños ya no corren, la única compañía en estas calles tétricas es la luna, esa luna que tanto ha visto y calla, la fiel testigo de la noche, el Sancho de todo Quijote.

2. Beso de la muerta
Las calles oscuras con tenues luces, silencios sepulcrales y más naturaleza muerta, personas de negro como si siempre estuvieran de luto, los niños ya no corren, las noches más largas y los ojos vigilantes de las casas atormentan a los escasos peatones. Las hojas de los árboles crujen al caer al piso y cuando las pisan alterando el silencio. El viento no deja de soplar, NO DEJA DE SOPLAR ESE VIENTO H E L a d o, tan helado que cuando golpea sientes el beso de la muerte, una muerte que despeina y envenena.

3. El tic tac del reloj
Gente extraña, extrañamente rara, siempre vigilando, con sus ojos tan abiertos y llenos de temor. El viento sigue soplando, las hojas aun están en el suelo, la noche es larga y lúgubre, La luna llena de melancolía sigue vigilando oculta entre las grises nubes. Dentro de la casa el reloj irrumpe el silencio TIC TAC TIC TAC, el rechinar de la madera delata la vejes de la casa, mientras en la calle el silencio sigue quebrantado por el crujir de las hojas que golpea el viento, el viento de la muerte, que así como besa despeina.

4. El tiempo no pasa
El tiempo a diferencia del silencio es estático, no se mueve, quizás tenga miedo se ser besado por la muerte, por su golpe helado, que tira y destruye. La noche sigue como si no tuviera fin y la luna ya no se ve, se ha ido con las nubes grises a vigilar otras calles, a otra gente que no vista de negro y vea con ella las estrellas, dónde su melancolía se trasforme en alegría para así poder morir y dar vida.

5. Ya no sopla, ya no tira.
El viento alcanzó su presa, ya no sopla, ya no tira, las hojas aliviadas aun en sus troncos se mueven con singular alegría, el tiempo corre y la luna agoniza mientras las nueves grises sueltan las primeras gotas de agua, las estrellas pierden su brillo reflejando su triste destino. En la casa vieja el rechinar de la madera ya no existe y el tic tac del reloj se pierde entre el canto de los gallos que cacaraquean alegremente por el nacimiento de un nuevo día, los niños ya corren ya gritan y los hombres vestidos de negro, eran un ente, un espectro que esperan la muerte de la luna y la mía.

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