El culto a los héroes predispone al autoritarismo

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Derrumbar los mitos en las naciones iberoamericanas debe ser una condición ineludible para convertirlas en las sociedades democráticas que nunca fueron, afirma el escritor argentino Juan José Sebreli (Buenos Aires, 1930).

El ganador del premio de ensayo del concurso Debate Casamérica 2008 pone el ejemplo y presenta su libro Comediantes y mártires: ensayo contra los mitos, en el cual, precisamente, quita la aureola y, según él, baja del pedestal a cuatro figuras centrales del imaginario de su país: Carlos Gardel, Eva Perón, Ernesto Che Guevara y Diego Armando Maradona.

Atacado por los fieles de esos iconos, pero confiado en que sus ideas llegan a la mayoría de una minoría que integra una elite intelectual, Sebreli hace hincapié en la importancia de atreverse a desmenuzar los mitos pues, argumenta, el fenómeno del culto a los héroes es un elemento que realmente predispone al autoritarismo.

Carisma negativo

En entrevista con La Jornada, Juan José Sebreli explica que el hecho de que una sociedad convierta a ciertos personajes en mitos “no es una cuestión democrática que se funde en la idea de que todos los hombres deben ser iguales, libres y decidir por sí mismos, en lugar de estar pendientes de seres extraordinarios que piensan y actúan por nosotros.

Es incompatible una sociedad con héroes, ídolos o iconos, con una que pretende ser democrática y libre. En mi país se ve claramente aún hoy, que han desaparecido estos grandes ídolos y que los partidos políticos están prácticamente disueltos: las únicas figuras que existen son personalidades que aparecen en la televisión, con cierto carisma, pero atrás de ellos no hay nada; eso es negativo para la fortaleza de una sociedad democrática.

El especialista agrega que son los políticos los que aprovechan esa tendencia de la sociedad iberoamericana a crear mitos, pues “si bien en Argentina ya no hay ídolos como lo fueron Juan Domingo Perón o Evita, los políticos no actúan dentro del marco de un partido, sino por su propia personalidad, son personajes mediáticos.

“En este libro hablo mucho de ello, de la influencia de los medios de comunicación en la creación de los ídolos. En los cuatro que menciono los medios fueron decisivos. Por ejemplo, en el caso de Gardel, él era un cantante de minorías porque cantaba en cabarets muy caros, a los que el pueblo no tenía acceso, o animando fiestas en los palacios de la clase alta. Tenía poco de cantor del pueblo.

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Fue en los últimos cuatro o cinco años de su vida cuando aparece en el cine y es ahí cuando todo mundo lo conoce, y encima muere trágicamente, lo que contribuye indiscutiblemente a convertirlo en ídolo.

Aureola perjudicial para Obama

Respecto del seductor mito que se está creando en torno a la figura del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, Juan José Sebreli opina que “si bien resulta muy simpático comparado con Bush, le es perjudicial esta aureola que se está conformando a su alrededor, porque cuando no pueda cumplir con todo, como va a suceder, entonces vendrá la caída. Eso será nefasto para Obama.

“Sé que cae muy mal estarles quitando el pedestal a los ídolos; uno aparece como el aguafiestas, el cascarrabias o el provocador. A mí me llaman así. Pero es espíritu crítico, y precisamente lo que no reina en nuestros países es el espíritu crítico, fundamental para la democracia.

“Sin espíritu crítico no hay democracia y, en cambio, los ídolos son intocables.

“Por eso creo que hay que tocarlos, porque nadie es completamente bueno. La responsabilidad de hacer ver esto a la sociedad –o de ocultarlo– es de los medios, de los políticos, de los profesores de ciencias sociales, que también caen en este tipo de cosas, y de los escritores.

“Con mis modestos recursos de escritor trato de hacerlo, si bien no soy un narrador de masas, pero no soy elitista, soy democrático. Hasta ahora creo que mis ideas tienen resonancia sobre todo en las nuevas generaciones, porque ahí hay una nueva mentalidad.

En la gente de mi edad no; hay un rechazo total. Pero los jóvenes tienen mayor receptividad porque nacieron ya en la democracia, concluyó el autor de títulos como Tercer mundo, mito burgués (1974) y Las aventuras de la vanguardia (2000).

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