Forever Chávez

Nudo Gordiano

Yuriria Sierra

Era su sueño oficioso; su redención de nadie sabe bien qué huellas de abandono; su salvación ante el terrible ejercicio de saberse vivo —acaso jamás amado—; su manifiesta búsqueda de un Yo perdido —fracturado, sin duda—; una permanente urgencia de legitimar su paso por un vacío al que quizá ni siquiera él mismo podría ponerle nombre; su intento por revertir un destierro de sí mismo que acaso le vendrá de siempre. Algo así debe ser la amalgama interna de los dictadores… Hugo Chávez, como tantos otros antes que él, busca su visa vitalicia a un infinito inexistente…

Al menos hasta 2013 será que veamos a Hugo Chávez en el trono de ese reino que se ha fabricado en Venezuela. Consideramos probable que a ese periodo presidencial —ya transformado en una autocracia que se regodea (y se enseñorea) en las urnas— se le añadan más y más años; lo votado el domingo pasado fue el refrendo para poder reelegir cargos de elección popular por periodos indefinidos, o sea, hacer de una democracia una antidemocracia. Díganme que me aman cada vez que lo pregunte; díganme que me aman antes de que los obligue a ello…

La victoria de Chávez es el signo que le hacía falta a los gobiernos seudoizquierdistas contemporáneos (mejor dicho populistofascistas) que, a lo largo de la historia, pretextando igualdad social, cometen crímenes repugnantes libres de todo rastro de derechos humanos.

Y, antes de ellos, las derechas (las fascistopopulistas) de hace tres décadas, con sus mismos archivos de terror e intolerancia. El caso es que América Latina no se libra de sus aspirantes a eternos redentores… O no sólo eso: el género humano no se libera de sí mismo…

Europa no deja mentir. Democráticamente, varios pueblos han votado la abolición de su respectiva democracia. La Alemania nazi convirtió a Adolfo Hitler en el enemigo del mundo, en el emblema de un siglo XX cansado. Con él, Benito Mussolini, en Italia, hizo lo propio para adjudicarse un gobierno que inspiró a Hitler. Persecuciones y una censura que no dejaba mirar al lado contrario a donde él lo hacía. De ambos, el futuro está registrado ya en la historia. Democráticamente alzados, encumbrados hasta un lugar en donde no puede existir la democracia…

Y no es predicción, en lo absoluto, sino un ejercicio de memoria. Los personajes que juegan al mesías, que se encarnan en la salvación de un pueblo dentro de un país que los ha maltratado, cuando pocas veces preguntan las necesidades reales y las combinan con el paso al que el resto se mueve.

Esos personajes que cargan en sí mismos todas las contracorrientes, porque de ellas viven y en ellas se engrandecen: porque en ellas impera el caos que refleja su correspondiente caos interno. Por eso hay que subyugar a todos: acaso en ese ejercicio intentan desdibujar su propia insuficiencia ante el espejo…

Curioso es cómo estos dictadores se ensalzan en sus triunfos, en su mentiroso referéndum. En su autoengaño de perlas y discursos. Porque no hay más de dónde escoger, se regodean en un falso bienestar, en una falsa victoria, en una falsa adoración. Ni siquiera confunden el amor y el miedo. No hay dictador que termine creyéndosela en realidad. El juicio de la realidad siempre es implacable sobre el autoengaño. Y a la vieja usanza de: “Sobre mi cadáver”. Y si a la realidad no le cuadra, peor para la realidad.

Ocurrió en Chile, Argentina, España, México y, claro, Cuba, que es la presa viva de esos gobiernos que muestran la vulnerabilidad de hombres que ven en el poder desmedido su legitimidad como parte del mundo. Esos que no son capaces de contemplarse a sí mismos, si no hay una multitud que los aplauda y los valide entre más fuertes sean los halagos. Y, si no los aplaude más, los aniquila. Móntenme mi guiñol particular…

Un peligro, el más fuerte, en los resultados de esta elección, es que el triunfo de Chávez alienta ya —como lo hemos podido ver— a gobiernos como el boliviano y le da presencia, porque la fuerza perdida no la recuperará jamás, a un gobierno cubano debilitado. Y más en estas temporadas de crisis del modelo económico: no faltarán los Chávez, los Evos, los Pejes, los que sea…

De espantarse, por supuesto, el eco que esa victoria puede traer a nuestro país. Obviando al escucha, este es un aliento a movimientos caducos y respaldados por una fabricada idea de igualdad, utopías propias de un conservador con antifaz de revolucionario. Lo que vemos ahora en Venezuela es su permanencia en un siglo XX, o más atrás, viejo, agotado y manejado apenas para estar a flote con la falsa idea del regocijo que es compartido…

Y, al final, el autoengaño es lo único realmente compartido: el del dictador y el de su pueblo…

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