Entre el chantaje y la extorsión

Milenio

La pesadilla se extiende. La padecen hombres y mujeres. Las anécdotas se multiplican. De voz en voz. Las víctimas, nervios destrozados, emprenden odiseas; y sólo algunos, pocos, se niegan a caer en la trampa de quienes utilizan la misma técnica, ahora con algunas variantes: hablan a un teléfono fijo, que, según la voz del chantajista, debe permanecer descolgado mientras ordena comunicarse a un celular.

Ésa es una; la otra, la de siempre, es con la que se iniciaron las extorsiones por vía telefónica, casi todas salidas de reclusorios, donde las autoridades no han logrado detenerlas. De la Ciudad de México, incluso, pueden hablar a otras entidades. En este caso el delincuente, auxiliado por cómplices en las calles, sabe que el receptor tiene parentela en el DF.

Una tercera treta es la del Boletazo. Todavía proliferan estafadores que la utilizan, y personas que hacen la denuncia, pero deben tener algún indicio, como el audio de las amenazas. Las autoridades, sin embargo, poco o nada pueden hacer, ya que las llamadas se realizan por teléfonos móviles.

Los telefonemas pueden ser al azar. También hay ocasiones —de acuerdo con datos oficiales— en que algún vecino facilitó información de las víctimas. En la red de complicidades cabe de todo, y las mañas de los embaucadores varían, más aun cuando saben que en casa queda la madre de familia, cuyos hijos trabajan.

Como el caso de una señora que contestó una llamada telefónica en su casa de Coyoacán. Le dijeron que su hija estaba secuestrada. La mujer —después diría— escuchó la voz lastimera de su hija. Fue el primer golpe. Ahí empezó el terror. De inmediato le dijeron que dejara descolgado el aparato. Pensó utilizar su celular, pero le ordenaron que si quería con vida a su hija debería comunicarse por ese medio, de modo que el secuestro empezó con ella misma.

La mujer se vio atrapada. Y se sintió como un maniquí. Los hilos que movían su vida pendían de una voz anónima. Le ordenaban los pasos que debería seguir. Y así lo hizo. Reunió la cantidad que pudo, lo ahorrado en su casa, además de un préstamo rápido, sin despegarse el móvil, y obedeció instrucciones.

Abordó un taxi y sin demora acató la ruta. Recorrió colonias, calles y vericuetos, hasta dar con el lugar señalado, un parque, en otra delegación, y en un recodo dejó la bolsita con billetes. Se retiró y le cortaron la comunicación. Lo primero que hizo fue comunicarse al teléfono de su hija. Sentía el sonido al ritmo de su taquicardia.

Por fin:

—¿Estás bien? —preguntó.

—Sí, ¿por qué? —escuchó.

La hija habló a la PGJDF. Le dijeron que podía hacer la denuncia, más aun si tenía el número telefónico, que, en efecto, quedó registrado, pero su madre ya no quiso saber nada del asunto. Este hecho pasaba a formar parte de las cifras negras, ya sea porque las víctimas desconfían de la autoridad, o por desidia, o porque los delincuentes hacen creer que tienen todo bajo control.

Un reporte interno de la Policía Judicial del DF destaca la urgencia de que los legisladores regulen los teléfonos de prepago, pues debido a que éstos no necesitan registro es probable que sean utilizados para extorsionar.

Esta realidad —anota— ya es conocida por la Comisión Federal de Telecomunicaciones, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, la Cámara de Diputados y el Senado, y sugiere hacer un estudio sobre el impacto que causa la venta de dichos aparatos, pues son vendidos sin ningún control.

El reporte indica que en los diversos reclusorios y en la Penitenciaría de Santa Martha Acatitla, las autoridades decomisan unos 20 teléfonos celulares cada semana. De ahí proviene la mayor cantidad de las extorsiones.

“Hemos combatido muy arduamente la extorsión y el plagio; el promedio de detención va entre 70 por ciento, pero mientras no se haga un bloque sociedad –autoridades contra ese tipo de conductas, van a ser infructuosos los esfuerzos que se hagan…”

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El joven, quien se puso el seudónimo de Juan Reyes, no cae en el garlito del Boletazo, que ya parecía obsoleto, pero logró grabar el audio. La voz del otro lado del auricular tiene tono caribeño. Se escucha boruca y largas pausas cuando, supuestamente, el otro “verifica” los datos, y se repite un sonido de conmutador.

—Okay. Permítame tantito, Juan. ¿Me podrías proporcionar tu número telefónico donde te apareció el mensaje, para saber si tú eres una persona realmente ganadora, o nada más participaste en el sorteo?

—Es 55 18 49 01 59.

—Okay. Permíteme tantito, no me vayas a colgar, voy a verificar si eres una persona ganadora o nada más participaste, ¿okay? Juan, efectivamente, tu línea se hizo acreedora a magníficos premios: un automóvil jetta 2008, generación Europa, y un novedoso equipo de telefonía celular, Sony, w 600. ¿Qué te parece esta magnífica noticia, que la Secretaría de Gobernación, junto con Boletazo, te regala el día de hoy, Juan? ¿Cómo te sientes?

—¿Y qué tengo que hacer?

—Okay, Juan, yo te contesto. Esto es en apoyo a la Fundación Vamos México, que ayuda a los niños discapacitados, ya sea de cáncer o leucemia. Una tómbola tiró la pelotita…sacó la pelotita azul, de la tómbola millonaria, y tu número telefónico ganador. ¿Qué te parece la noticia, Juan? ¿A qué te dedicas, Juan?

—Soy empleado… de una tienda de blancos.

—Okay, Juan, aquí necesitamos unos importantes requisitos para que hagas el cobro o reclamo de los premios, ¿okay? Necesitamos tu credencial de elector, para saber a qué nombre vamos a poner estos premios; tu comprobante de domicilio, ya sea de agua o uso de teléfono. Esto es para hacer entrega de tu automóvil y de tus 100 mil pesos… Otro requisito es que tienes que hacer el pago del traslado del vehículo hasta las puertas de tu domicilio, ya que tu vehículo no va rodando, va en una plataforma. Vas a pagar la cantidad de tres mil 800 pesos.

—¿Desde dónde?

—Esto es a nombre de Luz Elena Amed Guevara. El que tú vas a hacer es un envío directo a México, DF. Anota la dirección: Calle Tonalá número 10, delegación Cuauhtémoc. ¿Qué tan lejos te queda un banco Azteca o Electra de tu domicilio?

—Como a cuatro calles.

—Tú mandas ese pago; vas a decir que te hagan este envío por la cantidad de tres mil 800 pesos a la dirección que te otorgué. Ahí te van a entregar una papeleta. Te voy a enlazar a la agencia para que escojas el color del vehículo, ya sea en estándar o automático. Aprieta la tecla asterisco crédito para que la llamada te salga gratuita. Asterisco 30. ¿Lo harías en más o menos en 30 o 40 minutos este pago?

—Sí, ¿y después me vuelvo a comunicar contigo?

—Te comunicas aquí, a Gobernación, con el licenciado Julio César Palacios Reyes, y muchísimas felicidades.

Humberto Ríos Navarrete

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